¿Cuál es tu canal de integración principal?

Las personas tenemos formas distintas de integrar la información con máximo rendimiento y, por ello, algunas personas son las mejores en un ámbito y otras en otro. Veamos algunos de los distintos canales de percepción y aprendizaje con ejemplos que explican esa diversidad:

El perfil intelectual tenderá cuestionarlo todo desde el significado y la simbolización verbal, pero hay personas que son cinestésicas o más físicas y necesitan interpretar directamente a través del cuerpo para poder procesar y dar sentido a los sucesos. También hay personas visuales que requieren imágenes detalladas para explicarse el mundo y comprenderlo de forma significativa. Otras son de tipo auditivo o emocional y son distintos los canales que despliegan para llegar a la realización plena. Encontramos personas intuitivas que si no hacen caso a sus impresiones internas pueden bloquear su flujo vital y sentirse aprisionadas sin saber por qué les pasa lo que les pasa.

En todos los casos, a veces sucede que uno de estos canales está obstruido (porque ha sido castrado desde la infancia por el entorno, o porque lo hemos cerrado nosotros mismos después de una mala experiencia, por ejemplo) y el individuo cree que está haciendo algo mal cuando en realidad lo que necesita es abrir en amplitud su canal de percepción y de comunicación más valioso para sentirse íntegro y realizado.

No todas las personas vamos a poder reflexionar del mismo modo con un material específico, con una teoría o con una perspectiva que se presente como modelo general. Cada persona puede distinguirse de las otras por su forma de captar y de devolver información y tratar de meter a todo el mundo en una misma escuela que no trabaje con todas las formas resulta indeseable. Cuando generalizamos, lo que sucede es que conseguimos que unos triunfen y destaquen a la vez que hacemos que otros sufran.

Esto se aplica también al autoconocimiento, y por supuesto a la terapia. Si una persona es corporal le ayudarán los ejercicios físicos para reelaborar la información y procesarla. Si es intelectual deberá entender primero lo que está haciendo, si es visual necesitará concretar imágenes.

Recordemos el cuento aquel de los animales que decidieron abrir una escuela en el bosque y empezaron a elegir las disciplinas que serían impartidas durante el curso:

El pájaro insistió en que la escuela tuviera un curso de vuelo. El pez, quería que la natación fuera también incluida en el currículo. La ardilla creía que la enseñanza de subir en perpendicular en los árboles era fundamental. El conejo quería, de todas formas, que la carrera fuera también incluida en el programa de disciplinas de la escuela.

Cada uno era bueno en su disciplina, pero cuando individualmente debían practicar las habilidades que hacían fuertes y exitosos a otros animales, nunca llegaban a realizarlas con la misma soltura o con la misma gracia. Podían practicar y practicar, pero el lugar desde el que se sentían libres y alegres era el que les permitía desarrollar todo su potencial y no el que les obligaba a imitar las habilidades o excelencias naturales de otros.

La moraleja del cuento decía que no se pueden medir las capacidades de un pájaro por su habilidad de cavar túneles subterráneos o la capacidad de un pez por su habilidad para volar bien alto entre las nubes. Lo mismo pasa con las personas y con sus distintas formas de procesar e integrar la información.

¿Sabes qué tipo de procesamiento es el que te va mejor a ti?

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