El hilo de la inconsciencia

Ya me gustaría a mi deciros que terapeutas, psicólogos y coaches tienen una magia especial que todo lo cura, pero nada de eso, nada de superioridad.

 

Cada persona, independientemente de su profesión o condición, está en su propio proceso de crecimiento personal, es un hecho constante que nos iguala a todos. Esto iguala también a terapeutas y consultantes sin la menor duda.

¿Qué tenemos pues para que las personas acudan a nosotros en busca de ayuda? ¿Por qué un individuo puede sanar su dolor emocional con nosotros y no ha podido hacerlo con otro tipo de relaciones cotidianas? Son cuatro las cosas que yo destacaría que hacen que un proceso funcione:

 

– Estamos fuera de tu mente y de tu cuerpo y, al no tener una relación personal preestablecida antes de la aparición de tu problema tenemos la capacidad de conocerte sin juzgarte.

– Hemos estudiado y hemos sido entrenados para estirar del hilo de la inconsciencia de una forma sutil y muy cuidadosa para proceder a un acompañamiento incondicional.

– Las dos cosas anteriores crean una relación de confianza y surge una desinhibición necesaria en  el consultante. Esto hace que aparezca material valiosísmo que normalmente queda preso en el interior de la persona y no encuentra forma de expresión (lo que llamamos relación inconsciente con el problema).

– El material que sale fuera, hacia la sala dónde compartimos el espacio terapéutico, no queda flotando sino que lo utilizamos a favor de la persona y la ayudamos, con ejercicios y técnicas, a que elabore todo ese material. Tal cosa resulta en una percepción más consciente del ser y del momento existencial que se atraviesa en el presente.

Repito nuevamente que no hay magia en esto sino una verdad: a mayor consciencia menos dolor.

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