Tu vida empezará cuando te cabrees

Hasta que no te cabreas no puedes impulsar un cambio real en tu vida. Mejor dicho, hasta que no te permites a ti mismo cabrearte legítimamente todo seguirá su curso automatizado, normal y cero interesante.

Entre las charlas que imparto hay una titulada <<Etapas emocionales del cambio>>, en ella me detengo a definir cada etapa del proceso y explico este concepto con detalle:

Si miras el gráfico circular a continuación verás una secuencia de emociones. Es un dibujo de la dirección y el orden en que suelen moverse las emociones desde que nos proponemos una modificación real (es decir, con compromiso interno firme y convencimiento íntegro) hasta que logramos consolidar un cambio.

ETAPES CANVI DIAGRAMA

Si lees biografías de personas que han conseguido realizar cosas -personas que quizás admiras o quizás no- que se propusieron algo y lo lograron, verás que hubo un momento en el que se inició todo cuando la persona llega al punto de estallar y entra en un estado que podemos titular como <<¡Basta ya!>> es una explosión, más expresiva o menos, es un puño sobre la mesa, simbólico o literal, es un momento en que se desbordan los límites y se derrama la paciencia y no lo impedimos. Es así como logramos el impulso suficiente, la determinación definitiva para movernos y desobedecer alguna ley (o creencia) que ha llegado a ser absurda e inútil.

 

Quiero aclarar que el enfado o la rabia no es una emoción negativa, cada emoción tiene un mensaje que nos puede ayudar a evolucionar si aprendemos a interpretarlo y a hacer algo constructivo con ello. Tu emoción de rabia o enfado te está diciendo que si la mantienes reprimida y tratas de hacer como si no existiera enfermarás o acabarás con una coraza que te alejará de la realidad hasta acabar mismamente con todas aquellas emociones que te dan placer, alegría, ilusión y risa.

¿La emoción rabiosa qué es lo que tiene? ¿Por qué nos permite iniciar un cambio? ¿Por qué esta y no otra?

No nos engañemos, una persona con un nivel de realización alto e íntegro, quizás no necesita cabrearse para conseguir introducir cambios significativos en su propia vida o en la sociedad, sabe como hacerlo. Ha hecho ya cosas que considera valiosas y conoce el procedimiento, se conoce a sí misma. Ha observado con atención algunas leyes que regulan la conducta. Sabe como pedirse las cosas que necesita y lo hace a consciencia, luego sencillamente va hacia sus metas.  Lo que sucede con la gran mayoría de la población occidental hoy, es que tenemos un nivel de realización personal muy bajo. Tenemos que comprender que esta es la realidad, tenemos que actualizar nuestro sistema de creencias y modificar nuestra percepción sobre el papel que desempeñamos por separado y en conjunto. Tenemos que de visionar el mundo que queremos. Tenemos que defender con acciones la vida que consideramos necesaria: el enfado es, en nuestro caso, una herramienta muy poderosa.

De todas las emociones, la rabia es la emoción que tiene mayor carga energética, tiene el nivel de calor e impulso más concentrado y por ello permite que el engranaje estancado gire la rueda de una vez para emprender un nuevo movimiento. En este caso un movimiento vital, una decisión que podemos situar al nivel existencial de la consciencia.

Reitero algo porque no quiero malos entendidos: aceptar la rabia y usarla no es sinónimo de partirle la cara a alguien o de usar la violencia y la destrucción para conseguir las cosas. Es simplemente enterarte de lo que te está pasando y decidirte, de una vez, a vivir tu propia vida.

Imagina la rueda enorme del engranaje de un reloj: si el impulso no es contundente y no tiene las dosis necesarias de energía la rueda no se moverá, y si logra moverse será insuficiente, quizás un poco, quizás hasta la mitad, pero el impulso útil ha de llevar a la rueda a girar como mínimo unos 240º para llegar dar la vuelta entera y , por tanto, conseguir activar el comienzo de un nuevo ciclo.

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Considero necesario que las personas experimenten la confrontación con sus problemas y no la complacencia o la espera a que todo se arregle con una actitud bondadosa, obediente y sumisa. Para dar sentido a nuestras vidas tenemos que poder experimentar y desplazarnos a través de los límites que nos vamos trazando voluntariamente. Sólo uno mismo puede mover sus propios límites y modificarlos cuando sea necesario. ¿Alguna vez has pensado qué significado tendría para ti tener delante al monstruo horrible que temes y mirarle a la cara en lugar de evitarlo o de huir?

La sensación de fracaso, la indignación, la insatisfacción personal siempre nos van a perseguir si amortiguamos el cabreo, si ante una situación en la que deberíamos decir ‘hasta aquí hemos llegado’ decidimos anestesiarnos con opiáceos psicológicos y nos convencemos de que no hay que dar expresión clara a esos estados internos que nos producen síntomas psicosomáticos y que nos llevan a situaciones indeseadas y llenas de vacuidad. Y un día moriremos arrepentidas de no haber hecho nada para cambiar esas cosas que sabemos que no nos benefician, y que tampoco benefician a la humanidad de la que formamos parte y tampoco al planeta o a otras especies con las que debemos compartir este espacio macrosistémico.

El significado más valioso que doy a mi tarea de terapeuta es llegar a conseguir que cada vez haya un mayor número de personas que conecten con sus valores y reflexiones de cosecha propia, de autor, para llegar a hacer las cosas que de verdad tienen sentido para sí mismas. Un mundo con más personas haciendo lo que de verdad quieren hacer será un mundo que moverá el cambio de forma eficaz, pero lamentablemente de momento nos hallamos en un mundo dónde sólo una pequeña minoría hace lo que realmente le importa y todo el resto hace cosas que nos le mueven a nada más que a la inercia, al aburrimiento y al desdén.

 

Si hay una cosa que no dudo, es que estamos en una sociedad enferma en la que hace falta revisar y reestructurar muy a fondo las estructuras que permiten nuestro desarrollo. Para conseguir mejoras se requiere la responsabilidad y las decisiones personales de los individuos. Las dolencias contra natura de esta sociedad se manifiestan en las personas, a veces con una insistencia psicosomática que lucha por recuperar el equilibrio, como cuando un niño nace en un entorno tóxico, y el síntoma que presenta es la manifestación de un problema familiar. Exactamente igual.

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