Inteligencia lógica

¿Por qué cuando pensamos en la palabra <inteligencia>, inconscientemente, relacionamos su significado con la lógica, el razonamiento, el cálculo o la ciencia?

Os he explicado en las charlas de estos días que la inteligencia lógica no es ni más ni menos importante que la inteligencia intuitiva, la social, la emocional o la física. Todas nos sirven para gestionar nuestros problemas y nuestras preocupaciones, y por lo tanto, todas nos pueden servir para conducirnos a situaciones de mayor bienestar. En definitiva, la palabra inteligencia designa la capacidad de encontrar mejores soluciones con el menor gasto de energía posible.

 

Los códigos de las inteligencias que os comento suelen ser binarios, es decir, con interruptores de sí / no, me gusta / no me gusta, me siento bien / no me siento bien y los datos de donde sacamos las conclusiones son datos internos.

En cuanto a la inteligencia lógica, al ser la más racional de todas, el código es bastante más complejo y el procesamiento más lento. No sirve para la fuga ni para la conexión inmediata con los verdaderos sentimientos, pero sirve para crear estrategia.

¿Por qué cuando pensamos en la palabra <inteligencia>, inconscientemente, relacionamos su significado con la lógica, el razonamiento, el cálculo o la ciencia?

Todas las inteligencias coexisten dentro de nosotros y funcionan como asesores, todas nos dan consejos y nos piden ‘escúchame a mí’ por eso a veces tenemos contradicciones importantes que nos generan malestar, porque dos voces se manifiestan con fuerza y ​​saben que tienen razón, pero no han generado ningún tipo de consenso entre ellas.

Imaginaos que las inteligencias forman una asesoría, que todas se sitúan alrededor de una mesa redonda, pero que hay una que se coloca en medio con un megáfono y las otras tienen las manos y los pies atados a su silla , pueden gritar, pero no pueden situarse en el centro y ser tenidas en consideración en las mismas condiciones que la que se encuentra en medio. Esto es lo que ocurre en nuestra cultura: la inteligencia lógica es la que baila en medio con un megáfono, y nos resulta casi imposible no dejarla en otros planos, a veces, y dar la misma voz y voto a otra asesora. Tampoco nos permitimos que todas se sienten en su silla y dialoguen, la lógica, gran parte del tiempo tiene la última palabra. Y eso está muy bien para planificar, para analizar, o para repetir con fuerza discursos que nos han causado una impresión importante, pero no es tan positivo a la hora de ser feliz ahora mismo con lo que tienes, o en el caso de tener que marcharse de un lugar en el que no quieres estar, por ejemplo, o en el caso de descubrir los verdaderos anhelos y encontrarse con ellos en plena intimidad para poder exteriorizarlos y manifestarlos después.

Otro punto importante sobre la inteligencia lógica es que a la hora de dedicarse al trabajo personal, de crear vínculos significativos o de cuestionar la realidad, no es tan eficaz como parece. El principal motivo es que funciona como una calculadora: a una calculadora tú le tienes que poner datos dentro y sobre estos datos se aplican unas leyes y se trabaja / calcula siempre en relación a normas predeterminadas. Esto mismo sucede con la inteligencia lógica, todo depende de datos que introducimos -mayoritariamente son introducidas por otros- y las leyes son claras: si A, entonces B. Esto nos hace muy manipulables, deberíamos encontrarnos siempre con gente muy honrada y con muy buenas intenciones para no terminar haciendo el cálculo según unos intereses ajenos a nuestros valores, principios o, incluso, inocencia.

Con esto no quiero decir que no pienses y que no seas lógico, sino que integres, que descubras y que arriesgues para aprender más sobre ti mismo.

 

Imagen de portada: fotografía tomada a una de las citas que cuelgan de la Biblioteca de Cerdanyola del Vallès.

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