Actos repetitivos

La sanidad existe desde tiempos inmemoriales. Desde los primeros chamanes que invocaban a los espíritus o que cantaban canciones para ahuyentarlos en favor de una tribu, familia o persona, hasta aquellos que conocían ciertas plantas y sus efectos. Siempre se han tratado de encontrar maneras de mejorar la salud, de promocionarla y de paliar dolores tanto mentales como físicos.

Poco a poco, la medicina se ha ido dividiendo en campos. La ciencia ha contribuido a la especialización, lo cual nos ha aportado avances médicos y de conocimiento. Pero me temo que tanto conocimiento no es sinónimo de conciencia, y me temo asimismo que con tanta especialización a nadie le importa ya el ser humano en su totalidad. Esto no quiere decir que la medicina o la ciencia no se centren en la salud, pues a su manera de entender lo hacen, pero lo hacen por partes olvidando a veces la conexión entre ellas.

Nos hallamos ante un problema de división importante, cada vez más pronunciado a nivel global. Cuánto más conocemos, menos espacio dejamos para asimilar aquello que nos llega. Y esto es de especial relevancia en el campo de la Psicología: hoy en día, en general, hay consenso difundido sobre la importancia de ver y tratar al individuo en su conjunto. Cuando se hace un diagnóstico inicial se pregunta por su estado de salud, por la relación con el cuerpo, por sus hábitos, sus ideas y sus sentimientos, pero a la práctica son pocas las técnicas que consiguen una verdadera integración y que evitan procedimientos costosos o de excesiva duración.

VIVIR ACTIVAMENTE:

Lo que hoy entendemos por vida activa es nada más y nada menos que una vida ajetreada, ocupada y casi imposible de ser en sí misma lo que llamamos vida. La diferencia entre esta concepción moderna y lo que es la verdadera vida activa está en el vínculo (o ausencia de él) con el proceso vital biológico y con la capacidad de observación plena.

Para entender el proceso vital biológico dentro de la esfera social humana tenemos que tener en consideración la psique –con toda su química, fluctuaciones, y movimiento de sustancias alrededor del cuerpo-.

Depués de iniciar la lectura de Hannah Arendt (La condición humana) descubro que en la antigüedad se usaban las palabras decir y hacer con connotaciones sinónimas, no existía una diferencia sustancial entre ellas, pues representaban un solo significado en consonancia con «aquello que hacemos/somos». Eso quizás parezca una prueba de la simplicidad del pensamiento en sentido arcaico (si lo queremos comparar con el pensamiento actual) pero con certeza si lo analizamos encontramos en ello un compromiso más grande con la vida, o una actitud que nos cuesta de entender y abrazar hoy en día.

ACTOS REPETITIVOS:

Con esto quiero transmitir algo importante sobre el hecho de sanar y las dificultades con que nos encontramos en la actualidad:

hoy en día los actos tienen cada vez menos posibilidades de frenar el curso de nuestros comportamientos, aquellos creados socialmente en cada uno de nosotros, pero también aquellos otros automatizados a lo largo de una historia personal. Esto es debido, como se comenta más arriba, a que los acontecimientos pierden significación en la medida en que actos y palabras son dos entes distintos, como riñón es distinto de yo, o brazo es ‘mi brazo’ en lugar de ser yo sintiendo algo en mí. Estamos constantemente divididos, y participamos de dividirnos a nosotros mismos. ¿Te ha pasado alguna vez que has tomado una decisión y al cabo de poco rato has cambiado de opinión casi sin darte cuenta y sin entender por qué ahora tiene tanta fuerza esta otra opción?

A mi me interesa el ser humano en su totalidad y fomento el trabajo desde esta perspectiva holística. Sanar mediante la palabra y la reprogramación corporal no son simples frases hechas que dan fuerza al currículum vitae, es un recorrido profesional y la forma cómo ayudo a otros a responder a sus propias preguntas.

Creo que toda perspectiva científica debería de ser inherente a la existencia misma. La investigación científica no es algo inofensivo, ya que genera pensamientos y también discursos sobre la existencia que no hacen más que dividirla (primero para estudiarla, luego para que unos hombres ganen ventaja sobre otros).

Comportarse, comportarse masivamente sin detenerse a observar, a auto-observar. Esto estamos aprendiendo a hacer y no nos parece grave. Simplemente lo hacemos, tratamos de encontrarle alguna gracia, y entre paliativo y paliativo vamos pasando e ignorando lo que ya grita en su interior: la voz del acto, el acto de la voz.

 

 

DATOS BIBLIOGRÁFICOS:

– ARENDT, Hannah, et al. La condición humana. Paidós, 2003.
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