Mujeres que buscan espejos

Lo que cuentan los cuentos, no sólo sucede en los cuentos. Nuestra vida es en sí misma una narración nacida de un discurso que trata de explicar el mundo. Y eso, la base del lenguaje y toda su estructuración cultural, es lo que permite que el ser humano cuente historias y las escriba.

Todas las personas cuando nacemos nos reflejamos rápidamente en los otros, eso configura nuestra psique. Para explicaros como puede, dado el caso, desarrollarse un famoso trastorno mental quiero partir hoy de la historia de la clínica en casos de pacientes con histeria.

¿Por qué la histeria?

Los casos de pacientes diagnosticados con histeria en la historia de la clínica son un buen ejemplo que demuestra que las ‘personas enfermas’ son muchas veces un producto de una sociedad patriarcal que no da cabida a concepciones personales o íntimas que permitan explicar el mundo de otra manera. Esto visto así es chocante, debe chocar, debe perforar la indiferencia. Me centro en una percepción que tiene el psicoanálisis y también en la mujer para poder explicar dos cosas:  por un lado una estructura de la psique que está muy presente en la actualidad y que además es muy antigua, y por otro lado la dialéctica que existe entre esa estructura y lo social. Por tanto, quiero explicar al menos una de las formas en que lo social logra inscribirse en cada uno de nosotros para que a su vez pensemos sobre cómo la plasticidad mental permite ir cambiando estructuras de la psique.

La estructura que se define como histeria es aquella estructura interna que ha sido incapaz de encontrar una identificación interna con un rol femenino (si, la gran mayoría de diagnósticos de histeria son documentados en mujeres, y tiene su explicación).

Es la negación a dar un significado a la propia existencia lo que tiene dos consecuencias que se manifiestan como síntomas ‘histéricos’:

1. EL IDEAL DE MUJER

La persona que sufre esta escisión consigo misma está siempre pendiente de ser otra, de ser aquella que supuestamente realiza a la perfección su ideal femenino. Se mira en el resto de mujeres no como una búsqueda de inspiración sino como un reflejo que responda a lo que ella no ha sido capaz de responderse a sí misma. Tiene una pregunta instalada en el centro de su ser ¿Qué es ser mujer?
¿Lo hago bien? ¿Soy una mujer digna? ¿Si elijo esto y no lo otro dejaré de ser una mujer en toda su esencia?

Tener en cuenta que lo que estoy explicando se da casi siempre en el ámbito de la inconsciencia, y que no estoy diciendo que la persona conscientemente elige eso, sino que el inconsciente en función de los recursos que guarda escondidos sí que elige, y lo hace sin la intervención de la voluntad, pero en cambio aparece la interferencia de las pulsiones que mantienen su propia configuración sobre lo que es el mundo y lo que significa estar en él.

2. LA BÚSQUEDA DE UN AMO

Mujeres que buscan espejo y mujeres que buscan amo no son dos historias separadas, este es el relato de una sola mujer, y de todas (o muchas) que viven con una capacidad de ver escondida, unas a ciegas y otras a sabiendas, con una contradicción que no las deja ya nunca mas dormir en paz.

Las mujeres que están a la espera de un espejo que les diga quién son, se encontrarán con aquel hombre que ganará la posición de amo en sus vidas.

¿Cómo sucede esto? En relación a un hombre, la mujer que vive con esta duda busca reconocer en los signos del deseo masculino ese criterio o saber, por ello su estrategia de seducción es siempre representar a la mujer que se supone que el hombre desea. Se elevarían así los gustos sexuales de un hombre a la categoría de criterio. Por tanto, la mujer escindida quiere extraer del hombre ese conocimiento, que contrasta con lo que desea obtener de la mujer espejo, lo cual como se ha señalado más arriba, no es otra cosa que una encarnación de ésta, vampirizar su esencia.

“su estrategia de seducción es siempre representar a la mujer que se supone que el hombre desea. Se elevarían así los gustos sexuales de un hombre a la categoría de criterio.”

Pasado – La princesa hermosa y delicada

Algunas mujeres han crecido además con mandatos del estilo ‘quédate con quién te merezca y te valore’ en un contexto paternalista y sobreprotector que hace que la crianza se vuelva la construcción de una princesa vulnerable que no debe arriesgar ni sentirse atraída por las cosas que desea irracionalmente. Es una posición más bien pasiva. Obviamente todas las personas no quieren caer en manos de alguien abusivo y tóxico, pero las mujeres no tienen permiso de explorar para poner sus propios límites y los hombres tienden a tener más desarrollada su independencia porque se les ha dejado con un margen más grande encontrar sus propias limitaciones activamente desde la niñez.

¿Qué hace la princesa entonces? Cuando conoce a un hombre quiere que éste sea capaz de superar todas las pruebas y exigencias que impone el amor de princesa, para que demuestre su valía y así poder otorgarle el título de amo, (que antes seguramente tenía otra persona). Algunos hombres están encantados con este juego y cumplen su papel a la perfección para obtener su premio, que está garantizado de antemano si hacen gala de su hombría, ya que en el fondo son ellos los que, en la estructura histérica, determinan lo que es ser mujer.

Vale, vale, ¿Y entonces qué? Ya sabemos el rollo ese de la princesa, pero ¿entonces qué? Queremos saber qué hacer, cómo salir de ahí.

De ahora en adelante

Voy a continuar dando un plano principal al equilibrio porque no hay decisiones sólidas a largo plazo sin que exista éste. En ningún caso todo lo que he dicho significa que debemos rechazar a quién nos apoya o que todas las personas que nos dan cosas suponen un peligro. Pero hay un trabajo profundo que hacer para no caer en la miseria de ‘no ser hasta que el otro me reconozca’ y a veces no resulta fácil porque hay que remover cosas y hay que comprometerse en el presente.

Todas las personas tenemos deseos insatisfechos, dudas, expectativas, ganas de compartir con otros, y sentimientos de complicidad con personas que nos atraen, todas (o casi todas) tenemos la capacidad de amar, de dar e incluso de pedir, pero de ahí a creer que ‘va a llegar ese alguien maravilloso‘, que ‘todo un día va a cambiar cuando él llegue‘ o ‘que es imposible ser alguien sin el soporte de aquel que dé la talla‘ hay una diferencia.

La diferencia está en lo simbólico:

soy quién soy y me atrevo a experimentarlo con todas las consecuencias

o bien

espero a ser alguien porque no estoy segura de ser lo que ahora soy y yo siempre pensé que sería otra cosa‘.

Y repito, todas estas creencias de raíz no se dan a nivel consciente porque sino las corregiríamos a la primera de cambio, sino que es como si tuviéramos que buscar entre las raíces de un árbol viejo, a ver qué raíz es la que está rota y después guarecerla y darle su merecido trato.

Este texto lo dedico a todas las mujeres que aún están esperando a que venga alguien a decirles quién son, o lo que es equivalente, a las que esperan que venga él, un alguien cualquiera (idealizado), a salvarlas de su propia vida.

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