La angustia occidental

¿Ves los cristales? Estos cristales representan la angustia. La angustia se resuelve siempre en forma de acción, lo que quiere el ser es salir de ahí.

La angustia

La angustia es el principio de la voluntad, pero la voluntad no se desarrolla lo suficiente si no estamos dispuestos a experimentar soledad, una especie de desierto interior en el cual no podemos agarrarnos a nadie. En general dentro del grupo, del colectivo, de la masa, e incluso de la pareja, nos dejamos llevar, nos volvemos contemplativos y raras veces nos ponemos en movimiento responsabilizándonos de nosotros mismos.

La soledad es una experiencia interior que se presenta varias veces ante nosotros a lo largo de nuestra vida. Es una experiencia de iniciación que nos pone en contacto con nuestras verdaderas necesidades y nos permite discernir mejor entre lo que es prioritario y lo que no.

La soledad es un sentimiento universal, cualquier persona puede sentirlo, pero en las personas que tenemos una fuerte influencia de occidente resulta fundamental, puesto que sentimos de forma natural el apremio de pasar por un proceso de individuación, y el desgajamiento de la totalidad se presenta como una búsqueda interior necesaria para nosotros.

Occidente

Una vez que llegamos a este proceso de ‘vaciamiento’, una vez que entramos en la nada del desierto, tenemos la opción de pensar por nosotros mismos las experiencias y decidir qué vemos, cómo pensamos lo que vemos y qué parte de todo ello creamos o decidimos imaginar. Otra cara de la misma vivencia seria lo que sucede cuando nos desesperamos, nos deprimimos, nos aislamos del mundo exterior y cuando no estamos dispuestos a movernos o a escuchar, ni tampoco a fluir. Ahí se crea un bloqueo que puede durar poco tiempo, mucho tiempo, o una vida entera.

En la época moderna, y en especial en Europa y en el mundo occidentalizado, se tiende cada vez más a creer en el hombre y en la ciencia como si éstos fueran un Dios. Se le resta credibilidad a la metafísica como algo misterioso y gana terreno lo medible, lo palpable y lo que se puede explicar mediante la razón. Y la realidad de la inmensidad del conocimiento es que ninguna de éstas dos opciones es mejor que la otra y nada de esto tiene importancia sino es en referencia al significado que la persona le da a tales cosas. Si le parece buena una opción esta será buena y digna, si le parece lo contrario o duda constantemente nunca estará satisfecho con su paisaje interior.

Creencias

Podemos creer en nosotros mismos como un Dios creador, podemos creer en nuestro potencial como persona. Pero también podemos creer en algo que nos transciende, algo sobrenatural, algo que supere los límites humanos a los que podemos acceder con nuestro pensamiento actual.

Además podemos, y ésta es la opción que a mi más me atrae, creer que es posible que la vida sea una mezcla de esas dos cosas a la vez, y que no pueda entenderse la existencia en su totalidad tratando de ir solamente a un extremo. Se trata de integrar, de abrazar las cosas, de hacerlas más ricas, como si fueran brazos o piernas que no pueden entenderse ni usarse sin un cuerpo entero.

En cualquier caso, creer solamente en el potencial del hombre nos asfixia porque la vida queda falta de significados profundos, dejando desierto el fondo del alma en el que nos encontramos en nuestro camino a la individuación. Y por otro lado, creer sólo en la divinidad nos mantiene en una posición pasiva ante la vida, en la que nada podemos elegir o crear, y esto además nos mantiene alejados del día a día.

Creer solamente en el potencial del hombre nos asfixia

Para mí, estas son las razones fundamentales que explican por qué es tan necesaria –hoy más que nunca-  la convivencia de la diversidad de culturas que hay en el mundo, porque todas ellas dan riqueza y una explicación más completa del punto en el que nos encontramos los humanos en conjunto (y consecuentemente de los dilemas que debemos afrontar cada uno de nosotros en particular). Cada cultura tiene algo para completar a la persona que otra cultura no tiene. Es así. Si habéis viajado abiertos a la experiencia ni que sea una vez, os habréis llevado algo sin duda muy valioso que habrá consolidado y dado un motivo de peso a vuestro regreso a casa.

Creer sólo en la divinidad nos mantiene en una posición pasiva ante la vida

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