Detector de mentiras

Si cruza las piernas, se está protegiendo; si mira arriba a la derecha, miente. ¿Qué hay de verdad en estas afirmaciones?

Existen tres premisas empíricamente contrastadas que defienden el reconocimiento de emociones básicas en las expresiones corporales. Estos hallazgos aportan información adicional para la interpretación de los mensajes y las acciones de los demás, desempeñando un papel central en la regulación de la conducta social como componente de la interacción entre las personas:

PREMISA 1:

la universalidad de la expresión facial de la emociones

Damasio (2005) considera a las emociones básicas como estados somáticos ligados a conductas fundamentales para la supervivencia, en tanto acciones que se expresan en el rostro, la voz o en conductas específicas con tendencia a mantener la homeostasis.

Los trabajos de Paul Ekman reunieron evidencia suficiente para demostrar la existencia de seis expresiones universales de emoción: ira, asco, miedo, alegría, tristeza y sorpresa, siendo alguno de sus rasgos distintivos: una fisiología particular, evaluación automática, presencia en otros primates, inicio rápido, breve duración y, sobre todo, características faciales bien definidas.

PREMISA 2:

existencia de vías neuronales diferentes para los movimientos faciales intencionados y automáticos

Boris Cyrulnik (2007) muestra la proximidad de los circuitos neurológicos del dolor y las zonas de las emociones positivas y justifica por qué emociones opuestas pueden experimentarse alternativa e incluso sucesivamente en el tiempo. Se habla de distintas vías neuronales para el procesamiento de sentimientos conscientes e inconscientes.

Al parecer, las vías neuronales que conducen la experiencia del dolor parecen ser las mismas en el caso de dolor físico o de pérdida afectiva. Los traumas relacionales en edades tempranas modifican las estructuras cerebrales del mismo modo que los traumas físicos.

Pablo Battfeld nos explica la necesidad de que se dé el procesamiento paralelo en dos circuitos cerebrales. Una cara o una situación social generalmente requieren un nivel de procesamiento muy complejo lleno de información literal y también de información de carácter abstacto. Una persona podría procesar aspectos de la escena visual/auditiva/táctil a un nivel subconsicente, por ejemplo, debido a la complejidad de una escena llena de información con distintos significados y/o grados de relevancia para cada individuo.

En realidad es el rótulo o la información simbólica lo que finalmente accede a la consciencia y resulta importante, y no los atributos reales del objeto o situación que generan dicho etiquetaje.

Lo que sucede entonces a nivel cerebral es que según la tarea social, se activa y desactiva la demanda externa de atención a nivel consciente. Es decir que cuando se desactiva a nivel consciente no lo hace a nivel inconsciente. Esto demuestra una vez más el gran misterio y maestría de la naturalexa, la gran sincronía cerebral y coordinación involuntaria entre áreas.

PREMISA 3:

cogniciones asociadas a las emociones

Se asume que ante ciertas interpretaciones cognitivas, se suscitarán ciertas emociones. Tal como describe Francesc Palmero (2006), la emoción implica la concienciación subjetiva (sentimiento), implica una dimensión fisiológica (cambios corporales internos), implica una dimensión expresiva/motora (manifestaciones conductuales externas) e implica una dimensión cognitiva (funcionamiento mental). El objetivo tiene que ver con la movilización general del organismo para enfrentarse a una situación.

La actividad cognitiva es una precondición necesaria para la emoción, ya que, para experimentar una emoción, un sujeto debe al menos intuir o creer previamente que su bienestar está implicado en una transacción a mejor o a peor. En definitiva, los cambios fisiológicos son una parte imprescindible en el proceso emocional, pero su significación viene modulada por los factores cognitivos.

Resulta imprescindible una evaluación-valoración que dé sentido a esos cambios fisiológicos y que implique un análisis congruente de dichos cambios considerando los estímulos o situaciones que desencadenaron el proceso emocional.

Referencias Bibliográficas:

Barttfeld, P. Correlatos Neuronales del Procesamiento Consciente e Inconsciente de Información Lógica y Emocional.

Cestero Mancera, A. M. (2014). Comunicación no verbal y comunicación eficaz.

Cyrulnik, B. (2007). De cuerpo y alma. Neuronas y afectos: la conquista del bienestar. Barcelona: Gedisa.

Damasio, A. R. (1994). El error de Descartes: la razón de las emociones. Andrés Bello. Este libro podéis consultarlo online en: https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=T2sxOX917qQC&oi=fnd&pg=PA23&dq=damasio&ots=HYIvEA7Kbz&sig=-Rc4B5GQEW9BJ087fCCGKqx8MmQ#v=onepage&q=damasio&f=false

Ekman, P. (2015). Cómo detectar mentiras: Una guía para utilizar en el trabajo, la política y la familia. miguel betancourt martinez. Este libro podéis consultarlo online en: https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=khdLCgAAQBAJ&oi=fnd&pg=PA7&dq=deteccion+de+la+mentira&ots=KlD0Fku30O&sig=X6iSJg-ZWvbMQ0bkXaQy6ln9PQo#v=onepage&q&f=false

Hernández, A., & Sandoval, M. (2015). La actividad simbólica humana: una revisión de las tendencias contemporáneas en el análisis del comportamiento verbal. Acta colombiana de psicología, (10), 73-87.

Palmero, F., Guerrero, C., Gómez, C., & Carpi, A. (2006). Certezas y controversias en el estudio de la emoción.

Palmero, F. (1997). Emoción. Breve reseña del papel de la cognición y el estado afectivo. Revista Electrónica de motivación y Emoción REME2(2-3).

Terol, O., Álvarez, M., Melgar, N., & Manzanero, A. L. (2014). Detección de información oculta mediante potenciales relacionados con eventos. Anuario de Psicología Jurídica24(1), 49-55.

Zapata, L. M. O. (2016). Reseña: Comportamiento no verbal Más allá de la comunicación y el lenguaje. Behavior & Law Journal2(1).

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