Mecanismos de resistencia. Proyección

Por medio de la proyección, creamos una pantalla que nos sirve para mirar las cosas. Imagina la distribución técnica de un cine: en el centro, atrás del todo, está el aparato que produce la realidad (nosotros), y por medio de esa luz y esas imágenes, vemos (fuera) en la pantalla que está frente a nosotros, lo que en realidad sale de allí arriba, de atrás, de los bastidores, de dentro.

Nivel emocional de la Proyección

Proyectar equivale a atribuir a otros lo que sale de nosotros, en especial lo que sentimos, nuestros afectos profundos y además lleva implícito el hecho de no tener en cuenta el contexto particular, en realidad diferente de otras situaciones, en el que suceden las cosas. Las características del entorno no son percibidas ya que éste está restringido a imágenes virtuales creadas por la misma persona.

A la persona que proyecta le cuesta aceptar sus propios actos o sentimientos porque siente culpabilidad o se reprocha que no está bien o no se debe hacer, pensar o sentir de la manera en que lo hace. De este modo le queda un tema pendiente con la verdad, y no enfrentarse a la verdad se traduce en un bloqueo de la evolución personal. En el fondo la persona sabe que algo no está bien, pero decide ignorarlo y ante la incomodidad se cierra en banda permitiéndose desconocer ‘sus culpas’ y viéndolas reflejadas en cualquier otra persona. La verdad quiere expresarse, las emociones quieren salir y ser experimentadas, pero hay una resistencia. Esa resistencia adopta la forma de una proyección, porque es algo que existe dentro del individuo pero él decide reprimirlo de forma inconsciente. El resultado de esto es la separación, la no-relación entre sus características reales y lo que conoce de ellas, sin embargo tiene muy presente estas características en el otro.

La diferencia fundamental entre la introyección y la proyección es que en la introyección la persona renuncia a su sentido de identidad, y en cambio, en la proyección la persona lo dispersa y lo esparce.

El individuo proyector

Al ver en otros lo que posee y no reconoce, termina siendo paranoico, desconfiado y perseguidor, reprochando a todo su entorno la agresividad que él mismo proyecta sobre los demás. El mundo exterior se vuelve un lugar hostil en el cual se enfrentan los conflictos internos del sujeto.

La proyección se da en cierto modo por querer buscar certeza en los demás, de modo que el individuo no puede ganar confianza en sí mismo porque siempre está pendiente de una aprobación exterior para validarse a sí mismo.

Acceptación y auto-exploración

No se trata ahora de ser egoísta, pero sí de desarrollar la propia individualidad y buscar la certeza o la seguridad en nuestro interior. Para hacerlo hay que acudir a un centro, al lugar de encuentro con uno mismo, y si ese lugar está virgen o poco habitado podemos aprender a visitarlo y pasar ratos en él. Podemos invitar a nuestros temores a tomar el té y comenzar esa hermosa relación con una buena conversación, lo único que te garantiza que has llegado ahí es que, cada visita es emocionante y cuánto más tiempo pases ahí esa emoción se parecerá más a la templanza que a la alegría o a la tristeza abruptas.

Invita a tus temores a tomar el té.

Referencias Bibliográficas:

  • Kepner, J. I. (2011). Proceso corporal: Un enfoque Gestalt para el trabajo corporal en psicoterapia. Editorial El Manual Moderno.
  • López, M. M. M. (2016). Enfoque Centrado en la Persona: Teoría de la terapia y la personalidad.
  • Naranjo, C. (1990). La vieja y novísima Gestalt: Actitud y práctica de un experiencialismo ateórico. Cuatro Vientos.
  • Perls, F. S., & Baumgardner, P. (2006). Terapia gestalt. Pax México.
Anuncios