Género y características

Cuando tu dejas de sentirte excluido, también dejas de excluir, te das cuenta de que simplemente te alejas de lo que te hace daño, pero es una forma de protección que no elimina o clasifica un perfil concreto.

Mi reivindicación más feminista es incluir a los hombres en lo que hago. En todo. Porque levantarse es una tarea que tenemos todos los individuos cada día en diversidad de circunstancias. Ahora es momento de educar, de dar algo. En mi opinión no se puede caminar hacia la reflexión con el castigo de la exclusión.

Empezamos a vivir conscientemente cuando cerramos y abrimos círculos a voluntad. Eso significa que un primer bache que tiene que superar cualquier tipo de fanatismo, para ser libre, es salir del rol de víctima de su propia experiencia. Si logramos esto llegará la paz estabilizadora y después otras fases que nos van consolidando como seres humanos íntegros y realizados.   

No se puede caminar hacia la reflexión con el castigo de la exclusión.

A nivel comunitario soy partidaria de que hay que generar discursos ruidosos contra las distorsiones sociales, pero a nivel personal convivo en paz con la idea de que ya pasó eso de dividir, ya pasó eso de gritar fuerte cuáles son mis derechos, porque ahora toca vivirlos.

Cuando tu dejas de sentirte excluido, también dejas de excluir, te das cuenta de que simplemente te alejas de lo que te hace daño, pero es una forma de protección que no elimina o clasifica un perfil concreto, es decir que no va en contra de nadie, no se refiere a un colectivo, a una persona con ciertas características. Por tanto, aquello o aquel que hace daño, en realidad se excluye a sí mismo de la unión, de la confianza compartida, de la sensación de formar parte de un todo más grande, de esa experiencia interior dónde todo tiene cabida en tanto que respete esa unicidad no opresora ni dominante.

Digamos género cómo quién dice características, no como quién no sabe qué contestar sobre sí mismo mientras no sube al lomo de otro para poder mirarse. Es obvio que gracias al lenguaje y a los niveles de comunicación a los que éste nos permite llegar, observemos diferencias en nuestro entorno y queramos describirlas y nombrarlas, hay dos sexos, cierto… y más allá de eso: demasiada especulación y demasiadas hipótesis nunca probadas.

Las palabras me encantan, me gustan a un nivel visceral, anárquico y absolutamente subjetivo, da igual quién las diga: ¡me apasionan! me gustan tanto que me las he tenido que tragar de más no sin antes saborearlas. Eso me ha dado quebraderos de cabeza, y también afirmo que algo he sacado de toda esta maraña que ya no lo es…
Una cosa que te dan los verbos es la capacidad de hacer lo que dices. Los sustantivos nombran cosas, los verbos, en cambio, indican acción. Y la acción es experiencia, por silenciosa que ésta sea o por quieta que parezca.

Facta non verba. Hablo de hacer como capacidad porque querer no es poder: poder es hacer. Todas las personas tenemos una herramienta inclusiva, limpia y dignificante: la sinceridad. Para mí este es el pilar para trabajar sobre uno mismo, y para generar cambios sostenibles a nivel social y comunitario.

La acción es experiencia, por silenciosa que ésta sea o por quieta que parezca.

Si con esto pudiéramos pasar la página de las divisiones sociales de género (y otras también implícitas) y permitir que quedaran en la biblioteca a disposición del pueblo por si hubiera que consultar, debatir, rectificar o archivar en forma de manuscrito posteriormente… Pero no… hay mucho trabajo por hacer. Y lo estamos haciendo.

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